Hablar de fenomenología, el movimiento filosófico
creado por Edmund Husserl (1859-1938), es casi tanto como hablar de la filosofía
del siglo XX, y creo que se pueden apuntar dos razones en apoyo de esa opinión.
En primer lugar, si desviamos la mirada de las formulaciones concretas que
Husserl dio a sus ideas, son muchos los filósofos de nuestro siglo que han
reconocido la influencia de Husserl en un grado mayor o menor. Heidegger fue
discípulo directo de Husserl, y de él aprendió un cierto estilo de filosofar,
aunque pronto surgieron las diferencias teóricas. Sartre, en los años treinta,
descubrió a nuestro autor en Ideas relativas a una fenomenología pura y una
filosofía fenomenológica, que es la exposición más conocida que Husserl logró
de una teoría. La influencia sobre Sartre es notoria. Algunos autores decisivos
del siglo XX, como Merleau-Ponty, han pertenecido a la fenomenología. La
hermenéutica de Gadamer y Paul Ricoeur encuentra su punto de arranque en
Husserl. Y aún podríamos ir más lejos y compartir la tesis que defiende Montero
Moliner (en Retorno a la fenomenología) según la cual, para aquellos
que entienden de ideas y no de escuelas, la filosofía analítica y del lenguaje
participarían del mismo espíritu que la fenomenología. Autores como Strawson,
Austin, Searle y Grice son emparentables con la fenomenología sin necesidad de
forzar mucho las comparaciones. Más complicada se presenta la opinión de Gerd
Brand (en Los textos fundamentales de Ludwig Wittgenstein) según la cual Wittgenstein
sería el fenomenólogo por antonomasia.
El movimiento filosófico creado por Husserl ha ido
extendiéndose y ramificándose con el transcurso de los años. Para hacerse una
buena idea de la increíble amplitud del árbol fenomenológico que casi no deja
una ciencia ni una disciplina filosófica sin cubrir- puede consultarse con la
obra de Bernhard Waldenfels (Introducción a la fenomenología.
De Husserl a Derrida). La fenomenología es una filosofía viva, se
publican anales y revistas, se dan congresos y seminarios. ¿Cuál puede ser el
motivo de este éxito de la fenomenología? Para responder a esta pregunta,
entramos en la segunda razón. Ya uno de los primeros discípulos de Husserl,
Adolf Reinach, había señalado que la fenomenología, más que un sistema de
doctrinas filosóficas, era un método. Y un método que además envuelve un
desarrollo ilimitado por principio. Este es el sentido del título que he dado a
mi artículo: la fenomenología como un intento de establecer las condiciones de
posibilidad de la filosofía, como un intento de mostrar el camino que conduce a
ver el mundo de un modo filosófico. En un esfuerzo de reflexión metafilosófica,
Husserl buscó un lugar para la filosofía, un lugar que nadie más que ella
podría rellenar, y agotó sus energías prácticamente en ese esfuerzo. Por ese
motivo, y dejando a un lado las falsas radicalidades metafilosóficas, la
fenomenología como teoría filosófica apenas se decanta por tesis precisas:
tanto que casi podríamos decir que todo lo que caiga bajo el rótulo
"filosofía realizada con un esfuerzo de seriedad y rigor" puede ser
considerado como "fenomenología". Además, siendo Husserl el iniciador
de la corriente, se hace en parte comprensible que su filosofía esté afectada
de todas las vacilaciones propias del que explora un nuevo terreno. Husserl,
que era un hombre sum i do en la teoría y excesivamente escrupuloso, volvió una
y otra vez sobre sus propias ideas, e intentó exponerlas completas en varias
ocasiones, añadiendo más y más detalles, complicando la terminología. A su
muerte dejó más de 45.000 folios taquigrafiados y creo que aún siguen
editándose sus obras bajo el título de Husserliana. Sin embargo, se consideró un principiante
de la filosofía, que sólo se había adentrado en los primeros caminos del
inmenso territorio que el método fenomenológico abría. Pero no debemos olvidar
cuando leemos a Husserl, que esta filosofía confusa, inacabada y a veces
contradictoria, fue la inspiración para obras geniales del siglo XX, rebosantes
de ideas tal vez más claras y atractivas, y que, bien en deuda teórica o en
debate crítico con ella, son numerosos los filósofos de nuestro siglo que han
pasado por la fenomenología y han contribuido a desarrollarla y matizarla con
sus teorías. Por tanto, creo que entender a Husserl es necesario para entender
nuestro siglo, al menos filosóficamente hablando. En este artículo
intentaremos, en la medida de lo posible, acercarnos a este entendimiento.
La fenomenología nació en las Investigaciones
lógicas como una
refutación del psicologismo. El psicologismo pretendía ser un modo de
solucionar algunos problemas que planteaban la teoría del conocimiento y de la
ciencia, sin salir de los estrechos márgenes de un positivismo de
"hechos". La idea del psicologismo consistía en hacerse una cierta
composición de lugar, sin despegarse del suelo del sentido común de su época
para conseguir de ese modo la ventaja de una apariencia de inteligibilidad
inmediata. Acto seguido, se ventilaba la teoría del conocimiento,
pretendiéndose que las paradojas que descubría no eran más que el resultado de
obscuros filosofemas. La composición de lugar que antes he mencionado es esta:
empecemos por aceptar la realidad de un mundo de objetos como algo comprensible
de suyo, como un horizonte infranqueable más allá del cual no tiene sentido
ninguna pregunta. Dentro de ese mundo de objetos colocamos al ser humano como
un objeto entre objetos; ahora bien, el ser humano nos resulta un objeto muy
peculiar. ¿En qué consiste la conciencia o vida anímica por la cual ese objeto
se representa a todos los demás? ¿Es una propiedad de ese objeto? En nuestro
mundo positivista de objetos sólo podemos admitir el enlace casual como
relación entre objetos. ¿Se puede explicar acaso el conocimiento como una
influencia causal de un objeto sobre otro objeto?
El psicologismo cedía a la tentación cartesiana de
concebir la conciencia o vida anímica como una cosa, una realidad sustancial. En
las últimas décadas del siglo XIX la psicología se había constituido como
ciencia, al probarse que era posible aplicar el método experimental para el
estudio de la vida anímica de animales y seres humanos. Y desde su nacimiento
hasta mucho tiempo después, la psicología pretendía convertirse en una
auténtica "física del alma", pretensión que será duramente criticada
por Husserl: según nuestro autor, nunca podría llegarse a esta concepción justa
del sujeto -en tanto que sujeto cognoscente- mientras se le siguiese tratando
de agotar en todos sus matices por medio de una ciencia empírica, intento bajo
el cual subyacía la visión sesgada de él como objeto entre objetos. Era
totalmente absurda la supuesta fundamentación definitiva del conocimiento por
parte de la psicología, alegándose que el conocimiento debía verse como un
evento psicológico, y que su misterio será finalmente iluminado por la razón
científica. Teniendo en cuenta que desde los tiempos de Descartes la teoría del
conocimiento había sido el baluarte de la posibilidad y necesidad de la
reflexión filosófica, al ser solucionados sus "problemas" por una
ciencia como la psicología, la filosofía quedaba sin "trabajo" y por
tanto, sin "sentido". Pero el psicologista había ido demasiado lejos:
al pretender cerrar el círculo de la objetividad científica sobre sí mismo, lo
único que consiguió fue poner de relieve los propios límites de toda ciencia.
La teoría del conocimiento no podía solventarse con la investigación
psicológica porque esta era un conocimiento. Tampoco la lógica podía reducirse
a leyes que gobernaban exclusivamente la psique humana, puesto que la
psicología daba la lógica por supuesta en todos sus razonamientos. "El
relativismo específico hace esta afirmación: para cada especie de seres capaces
de juzgar, es verdadero lo que según su constitución o según las leyes de su
pensamiento deba tenerse por verdadero... la constitución de una especie es un
hecho. Y de hechos sólo pueden sacarse hechos. Fundar la verdad en la
constitución de una especie... significa darle, pues, el carácter de un hecho.
Pero esto es un contrasentido. Todo hecho es individual, o sea, determinado en
el tiempo. Pero hablar de una verdad temporal sólo tiene sentido refiriéndose a
un hecho afirmado por ella (caso de que sea una verdad de hecho) más no
refiriéndose a ella misma." (Investigaciones lógicas, primera parte, cap. Vll). La raíz del problema estaba
-aunque parezca un galimatías- en una errónea concepción de lo que es un
concepto. De alguna manera la mente humana no está hecha, en su funcionamiento
ordinario, ni para el estatismo absoluto de los conceptos ni para la fugacidad
de las sensaciones. Por eso, cuando Husserl propone un filosófico viaje al
fondo del concepto, considerándolo en tanto tal concepto, prescindiendo por
completo de averiguar nada acerca de su naturaleza o realidad, y persiguiendo
conexiones puras entre conceptos en un dominio donde precisamente reina el más
completo aislamiento y soledad entre entes conceptuales perfectamente idénticos
a sí mismos, nos resulta como una bocanada de aire fresco la teoría opuesta,
que toma a los conceptos en su realidad superficial de eventos psíquicos, sin
meterse en las honduras de su significado, y va explicando su aparición por
medio de un proceso genético.
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