Visión
Conservadora: Orden y Disciplinas para la Preservación de las Instituciones
“Los
conocimientos se dividen en teóricos y prácticos; y la
teórica
no es sino el conjunto de preceptos dados por una
experiencia
consumada; teoría sin práctica, es pura fantasía”
Simón
Rodríguez
Comportamiento Cívico y Ciudadano
Sin duda, el Estado venezolano se orienta
a la construcción de una nueva sociedad en un marco de derecho y de justicia
social, sustentada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999),
como máximo instrumento legal, rector del desarrollo y la convivencia en la
república donde se consagran y profundizan los principios que consideran a la
educación y el trabajo, pilares del proceso de cambio y transformación. En este
contexto, la educación adquiere una condición fundamental en la formación
integral de ciudadanos y ciudadanas, garantizando el fortalecimiento de la
identidad, el desarrollo productivo endógeno y sustentable, la defensa integral
y resguardo de la soberanía nacional. Es así, como en el artículo tres (03) de
la Ley Orgánica de Educación (LOE, 2009), determina como principio de la
educación venezolana “…la formación para la independencia, la libertad y
la emancipación, la valoración y defensa de la soberanía, la formación en una
cultura para la paz, la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la
práctica de la equidad y la inclusión…”
En efecto, los valores cívicos conforman
la esencia del modelo de representación personal. Asimismo, constituyen el
contenido del sentido de la vida y de la concepción que se tiene del mundo, puesto
que permiten la comprensión, interpretación y valoración del individuo; además
de brindar la posibilidad de definir el proyecto de vida, en base a los
objetivos y finalidades para la actividad social. En este sentido, la educación
en valores cívicos es un proceso sistémico, pluridimensional, intencional e
integrado que garantiza el desarrollo de una personalidad consciente y, como lo
afirma González (2001), “se concreta a
través de lo curricular, lo extracurricular y toda la vida de la institución
educativa.” Por su parte, Fernández
(1998), manifiesta que los valores cívicos “son
aquellos conceptos que pueden ser puestos en práctica en nuestra vida para que
podamos vivir mejor, tanto en forma íntima, personal, familiar, grupal y social.”
Por ello, todo valor es un concepto operativo que tiene una serie de parámetros
(normas y actitudes) que conducen a la persona en el vivir diario.
Se plantea entonces, que los valores
cívicos de una sociedad son la verdadera y única plataforma para lograr una
comunidad armónica, coherente y ajustada a los requerimientos actuales del
mundo, puesto que son los que verdaderamente preparan al individuo para ser un
ciudadano ajustado a los preceptos expuestos en los Derechos del Hombre y del
Ciudadano, donde cada persona es protagonista dentro de la sociedad por su
carácter participativo y protagónico. Sin duda, que la formación cívica del
nuevo ciudadano surge tempranamente ligada a una formación elemental para la ciudadanía
y como instrumento de integración del inmigrante. Su enseñanza fue absolutamente
formal y se limitó a dar a conocer la Constitución Nacional y las Constituciones
Provinciales, cuestión que se acentuó a partir desde el año 1930.
La
Escuela como Institución Legitimadora del
Saber
Indudablemente,
la escuela es una de las instituciones sociales más importantes, necesaria para
favorecer la inserción de los párvulos a la sociedad. En este sentido, la
escuela se ha convertido en el ámbito donde las personas aprenden diferentes
áreas del conocimiento y del saber humano que van desde aspectos científicos (como
la física, la biología, la matemática), pasando por aspectos sociales (como la
historia, la literatura y el arte), hasta cuestiones prácticas (como la tecnología,
la educación física). Obviamente, que la escuela varía de sociedad en sociedad
y de país en país, debido a que cada región establece su propio sistema
educativo y organiza el funcionamiento de sus propias instituciones escolares
de acuerdo a sus necesidades o intereses endógenos. Sin embargo, una
característica común a todas las escuelas es que las mismas siempre cumplen el
rol iniciador de la persona en el ámbito escolar, educativo y académico. En
este sentido, la escuela se diferencia por ejemplo de la universidad en el
hecho de que en la primera la asistencia suele ser obligatoria para que todos
los niños adquieran un mismo nivel de conocimiento y saberes que los vuelvan
homogéneos en términos de capacidades, competencias y contenidos.
Cabe señalar, que el principio de legitimidad postula que el individuo, en
ejercicio de su soberanía, decide establecer un contrato por medio del cual
cede parte de su soberanía a la figura de un tercero (el Estado), al cual todos
deben obedecer. Por lo tanto, el Estado moderno debe representar el interés de
todos; es decir, el interés general, generando de esta manera un constructo
conocido como esfera pública,
referido a esos aspectos de la soberanía del individuo que fueron delegados en
un tercero para que sea posible la convivencia social, mientras que la esfera privada corresponde a aquellos
aspectos de la soberanía que no se enajenan.
En efecto, la escuela no es sólo
importante por la transmisión de saberes y conocimientos; toda vez que una de
las funciones principales y ocultas de la escuela es permitir que los
asistentes a sus aulas y demás infraestructura (en la mayoría de los casos
chicos y adolescentes, salvo que se trate de escuelas de enseñanza para
adultos), puedan sociabilizar con sus pares, con personas de su misma edad,
nivel evolutivo y emocional. Lo positivo de esto es que la escuela se vuelve
entonces una importantísima institución social ya que asiste a la formación
completa e integral de las personas que a ella asisten. Muchas veces, la
convivencia en la escuela es lo que hace que el individuo se separe de la
familia en un sentido positivo, pudiendo establecer lazos por fuera del ámbito
familiar endogámico, lazos que en numerosas ocasiones se mantienen a lo largo
de toda la vida por ser relaciones que se forman en épocas muy significativas
para la persona.
La
Escuela como Institución que Califica Recursos Humanos
Ciertamente, la escuela moderna tiene
entre sus propósitos fundamentales la formación integral del nuevo ciudadano
que requiere la sociedad, para su progreso y desarrollo. Es así, como uno de sus
fines es el desarrollar el potencial creativo de cada ser humano, en una
sociedad democrática basada en la valoración ética y social del trabajo
liberador y en la participación activa, consciente, protagónica, responsable y
solidaria, comprometida con los procesos de transformación social. En consecuencia,
el sistema educativo establece principios, parámetros y estrategias a ser
consideradas en el quehacer curricular para la formación del recurso humano calificado
que atienda a todos los niveles y modalidades; considerando los principios de:
pertinencia, compromiso social, integralidad, modernización, actualización,
calidad y equidad.
Considerando lo antes planteado, los
sistemas educativos - especialmente los de los países de menor desarrollo -
deben estar en constante adaptación y cambio según sean las demandas y
tendencias que ocurran en el mundo. Porque, cualquier país que descuide la
modernización y actualización de los procesos de formación de recursos humanos no
podrá ir a la par de aquellos que, no solamente se adaptan a los cambios y
transformaciones ocurridas en la sociedad, la ciencia y la tecnología, sino que
se incorporen a la producción de dichos cambios. En la actualidad, cuando se
habla de aldea global y sociedad del conocimiento, nuestro país no puede quedarse rezagado. Debemos subirnos al tren de
los cambios y las transformaciones si queremos tener currículos actualizados,
flexibles, pertinentes, multidisciplinarios, interdisciplinarios y
transdisciplinarios, lo cual traerá como consecuencia la formación de
ciudadanos competentes, en cualquier campo laboral.
En cuanto a la calificación de recursos
humanos, la escuela primaria moderna (hasta mediados de los años 80 del siglo
XX) se limitaba a evaluar cuantitativamente a los párvulos que en un futuro no
muy lejano se convertirían en mano de obra calificada (recurso humano), en las
distintas áreas del trabajo productivo. En este sentido, se medían
conocimientos, sin valorar el dominio de competencias y el nivel de aprendizaje
de los estudiantes; a pesar de que existía una tímida apreciación cualitativa,
que debía tener correspondencia directa con la calificación numérica lograda
por estos.
Derivaciones Interpretativas: El Anclaje de la Representación
Convivir para conocer
Convivencia, aceptación y creatividad como
tejidos
La convivencia en la escuela requiere de
basamentos ético-morales, que se encuentren presentes en el mundo interior de
las personas y que no signifiquen solo el cumplimiento de la norma. En este
sentido, Guillén (2007), habla de la convivencia como “la vida en común que
alguien lleva ya sea con una o varias personas”. Por su parte, López Sagrario
(2006), afirma que “la convivencia es la
capacidad de vivir juntos respetando uno a los otros y consensuando las normas
básicas, así como la resolución de conflictos, ya sea previniendo su aparición
o evitando su escalada cuando ya se ha producido”. (p.5). Esta definición se
aplica a todas las características de la comunidad y en lo que respecta a la
comunidad escolar, la convivencia debe ser vista como una comunidad, en la que
se inscriben distintos microsistemas sociales; el del estudiantado es uno de
ellos, pero no es ni independiente ni ajeno a lo que ocurre en los otros
subsistemas, como el que compone el profesorado, las familias o la propia
comunidad social externa.
En cuanto a la aceptación se puede decir
que en la sociedad actual reviste de mucha importancia principalmente si se
potencian estos conocimientos de una manera integral a nuestros hijos. Al
hablar de educación se debe tener en cuenta en primer lugar a la persona en su
totalidad, ya que es a esta a la que se busca formar inclusión educativa.
Entonces, cuando hablamos de inclusión en educación, no solo nos referimos a la
integración en las escuelas de estudiantes que necesitan una educación
especial, sea por las razones que sea, sino que se pretende eliminar todos los
obstáculos que impiden alcanzar un aprendizaje y una participación por igual de
todos los alumnos.
Por otra parte, la creatividad se apoya en
las diversas estrategias innovadoras de enseñanza, en el aprendizaje
significativo, la motivación y el propio proceso creativo, caracterizadas por
una gestión de la praxis docente con calidad académica, dinamismo y participación,
considerándola como una facultad del ser humano para solucionar problemas
conocidos y la posibilidad de descubrir problemas donde otras personas no lo
ven, también la perciben como capacidad, por tanto, puede formarse y
desarrollarse. En este sentido, se puede considerar que la creatividad en la
praxis docente constituye una acción donde este de rienda suelta a su ingenio,
inventiva, a sus pensamientos, a la imaginación constructiva, al pensamiento
divergente o creativo, por lo tanto es la generación de nuevas asociaciones
entre ideas y conceptos conocidos que habitualmente producen soluciones
originales y es de vital importancia en el proceso de aprendizaje y en el quehacer
diario del docente. Como conclusión, se
puede afirmar que la convivencia, aceptación y creatividad son un tejido en la praxis docente, aspectos muy importante debido a que el diseño
curricular bolivariano nos conlleva a ser docentes innovadores, tal y como lo
especifican sus pilares.
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