lunes, 13 de abril de 2015

Perspectiva Curricular de la escuela moderna




Visión Conservadora: Orden y Disciplinas para la Preservación de las Instituciones

Los conocimientos se dividen en teóricos y prácticos; y la
teórica no es sino el conjunto de preceptos dados por una
experiencia consumada; teoría sin práctica, es pura fantasía
Simón Rodríguez

Comportamiento Cívico y Ciudadano
     Sin duda, el Estado venezolano se orienta a la construcción de una nueva sociedad en un marco de derecho y de justicia social, sustentada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), como máximo instrumento legal, rector del desarrollo y la convivencia en la república donde se consagran y profundizan los principios que consideran a la educación y el trabajo, pilares del proceso de cambio y transformación. En este contexto, la educación adquiere una condición fundamental en la formación integral de ciudadanos y ciudadanas, garantizando el fortalecimiento de la identidad, el desarrollo productivo endógeno y sustentable, la defensa integral y resguardo de la soberanía nacional. Es así, como en el artículo tres (03) de la Ley Orgánica de Educación (LOE, 2009), determina como principio de la educación venezolana “…la formación para la independencia, la libertad y la emancipación, la valoración y defensa de la soberanía, la formación en una cultura para la paz, la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la práctica de la equidad y la inclusión…”
     En efecto, los valores cívicos conforman la esencia del modelo de representación personal. Asimismo, constituyen el contenido del sentido de la vida y de la concepción que se tiene del mundo, puesto que permiten la comprensión, interpretación y valoración del individuo; además de brindar la posibilidad de definir el proyecto de vida, en base a los objetivos y finalidades para la actividad social. En este sentido, la educación en valores cívicos es un proceso sistémico, pluridimensional, intencional e integrado que garantiza el desarrollo de una personalidad consciente y, como lo afirma González (2001), “se concreta a través de lo curricular, lo extracurricular y toda la vida de la institución educativa.” Por su parte,  Fernández (1998), manifiesta que los valores cívicos “son aquellos conceptos que pueden ser puestos en práctica en nuestra vida para que podamos vivir mejor, tanto en forma íntima, personal, familiar, grupal y social.” Por ello, todo valor es un concepto operativo que tiene una serie de parámetros (normas y actitudes) que conducen a la persona en el vivir diario.
     Se plantea entonces, que los valores cívicos de una sociedad son la verdadera y única plataforma para lograr una comunidad armónica, coherente y ajustada a los requerimientos actuales del mundo, puesto que son los que verdaderamente preparan al individuo para ser un ciudadano ajustado a los preceptos expuestos en los Derechos del Hombre y del Ciudadano, donde cada persona es protagonista dentro de la sociedad por su carácter participativo y protagónico. Sin duda, que la formación cívica del nuevo ciudadano surge tempranamente ligada a una formación elemental para la ciudadanía y como instrumento de integración del inmigrante. Su enseñanza fue absolutamente formal y se limitó a dar a conocer la Constitución Nacional y las Constituciones Provinciales, cuestión que se acentuó a partir desde el año 1930.

La Escuela como Institución Legitimadora del  Saber
Indudablemente, la escuela es una de las instituciones sociales más importantes, necesaria para favorecer la inserción de los párvulos a la sociedad. En este sentido, la escuela se ha convertido en el ámbito donde las personas aprenden diferentes áreas del conocimiento y del saber humano que van desde aspectos científicos (como la física, la biología, la matemática), pasando por aspectos sociales (como la historia, la literatura y el arte), hasta cuestiones prácticas (como la tecnología, la educación física). Obviamente, que la escuela varía de sociedad en sociedad y de país en país, debido a que cada región establece su propio sistema educativo y organiza el funcionamiento de sus propias instituciones escolares de acuerdo a sus necesidades o intereses endógenos. Sin embargo, una característica común a todas las escuelas es que las mismas siempre cumplen el rol iniciador de la persona en el ámbito escolar, educativo y académico. En este sentido, la escuela se diferencia por ejemplo de la universidad en el hecho de que en la primera la asistencia suele ser obligatoria para que todos los niños adquieran un mismo nivel de conocimiento y saberes que los vuelvan homogéneos en términos de capacidades, competencias y contenidos.
     Cabe señalar, que el principio de legitimidad postula que el individuo, en ejercicio de su soberanía, decide establecer un contrato por medio del cual cede parte de su soberanía a la figura de un tercero (el Estado), al cual todos deben obedecer. Por lo tanto, el Estado moderno debe representar el interés de todos; es decir, el interés general, generando de esta manera un constructo conocido como esfera pública, referido a esos aspectos de la soberanía del individuo que fueron delegados en un tercero para que sea posible la convivencia social, mientras que la esfera privada corresponde a aquellos aspectos de la soberanía que no se enajenan.
     En efecto, la escuela no es sólo importante por la transmisión de saberes y conocimientos; toda vez que una de las funciones principales y ocultas de la escuela es permitir que los asistentes a sus aulas y demás infraestructura (en la mayoría de los casos chicos y adolescentes, salvo que se trate de escuelas de enseñanza para adultos), puedan sociabilizar con sus pares, con personas de su misma edad, nivel evolutivo y emocional. Lo positivo de esto es que la escuela se vuelve entonces una importantísima institución social ya que asiste a la formación completa e integral de las personas que a ella asisten. Muchas veces, la convivencia en la escuela es lo que hace que el individuo se separe de la familia en un sentido positivo, pudiendo establecer lazos por fuera del ámbito familiar endogámico, lazos que en numerosas ocasiones se mantienen a lo largo de toda la vida por ser relaciones que se forman en épocas muy significativas para la persona.




La Escuela como Institución que Califica Recursos Humanos
     Ciertamente, la escuela moderna tiene entre sus propósitos fundamentales la formación integral del nuevo ciudadano que requiere la sociedad, para su progreso y desarrollo. Es así, como uno de sus fines es el desarrollar el potencial creativo de cada ser humano, en una sociedad democrática basada en la valoración ética y social del trabajo liberador y en la participación activa, consciente, protagónica, responsable y solidaria, comprometida con los procesos de transformación social. En consecuencia, el sistema educativo establece principios, parámetros y estrategias a ser consideradas en el quehacer curricular para la formación del recurso humano calificado que atienda a todos los niveles y modalidades; considerando los principios de: pertinencia, compromiso social, integralidad, modernización, actualización, calidad y equidad.
     Considerando lo antes planteado, los sistemas educativos - especialmente los de los países de menor desarrollo - deben estar en constante adaptación y cambio según sean las demandas y tendencias que ocurran en el mundo. Porque, cualquier país que descuide la modernización y actualización de los procesos de formación de recursos humanos no podrá ir a la par de aquellos que, no solamente se adaptan a los cambios y transformaciones ocurridas en la sociedad, la ciencia y la tecnología, sino que se incorporen a la producción de dichos cambios. En la actualidad, cuando se habla de aldea global y sociedad del conocimiento, nuestro país no puede  quedarse rezagado. Debemos subirnos al tren de los cambios y las transformaciones si queremos tener currículos actualizados, flexibles, pertinentes, multidisciplinarios, interdisciplinarios y transdisciplinarios, lo cual traerá como consecuencia la formación de ciudadanos competentes, en cualquier campo laboral.
     En cuanto a la calificación de recursos humanos, la escuela primaria moderna (hasta mediados de los años 80 del siglo XX) se limitaba a evaluar cuantitativamente a los párvulos que en un futuro no muy lejano se convertirían en mano de obra calificada (recurso humano), en las distintas áreas del trabajo productivo. En este sentido, se medían conocimientos, sin valorar el dominio de competencias y el nivel de aprendizaje de los estudiantes; a pesar de que existía una tímida apreciación cualitativa, que debía tener correspondencia directa con la calificación numérica lograda por estos.


Derivaciones Interpretativas: El Anclaje de la Representación

 Convivir para conocer


 Convivencia, aceptación y creatividad como tejidos
     La convivencia en la escuela requiere de basamentos ético-morales, que se encuentren presentes en el mundo interior de las personas y que no signifiquen solo el cumplimiento de la norma. En este sentido, Guillén (2007), habla de la convivencia como “la vida en común que alguien lleva ya sea con una o varias personas”. Por su parte, López Sagrario (2006), afirma que  “la convivencia es la capacidad de vivir juntos respetando uno a los otros y consensuando las normas básicas, así como la resolución de conflictos, ya sea previniendo su aparición o evitando su escalada cuando ya se ha producido”. (p.5). Esta definición se aplica a todas las características de la comunidad y en lo que respecta a la comunidad escolar, la convivencia debe ser vista como una comunidad, en la que se inscriben distintos microsistemas sociales; el del estudiantado es uno de ellos, pero no es ni independiente ni ajeno a lo que ocurre en los otros subsistemas, como el que compone el profesorado, las familias o la propia comunidad social externa.
     En cuanto a la aceptación se puede decir que en la sociedad actual reviste de mucha importancia principalmente si se potencian estos conocimientos de una manera integral a nuestros hijos. Al hablar de educación se debe tener en cuenta en primer lugar a la persona en su totalidad, ya que es a esta a la que se busca formar inclusión educativa. Entonces, cuando hablamos de inclusión en educación, no solo nos referimos a la integración en las escuelas de estudiantes que necesitan una educación especial, sea por las razones que sea, sino que se pretende eliminar todos los obstáculos que impiden alcanzar un aprendizaje y una participación por igual de todos los alumnos.
     Por otra parte, la creatividad se apoya en las diversas estrategias innovadoras de enseñanza, en el aprendizaje significativo, la motivación y el propio proceso creativo, caracterizadas por una gestión de la praxis docente con calidad académica, dinamismo y participación, considerándola como una facultad del ser humano para solucionar problemas conocidos y la posibilidad de descubrir problemas donde otras personas no lo ven, también la perciben como capacidad, por tanto, puede formarse y desarrollarse. En este sentido, se puede considerar que la creatividad en la praxis docente constituye una acción donde este de rienda suelta a su ingenio, inventiva, a sus pensamientos, a la imaginación constructiva, al pensamiento divergente o creativo, por lo tanto es la generación de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos que habitualmente producen soluciones originales y es de vital importancia en el proceso de aprendizaje y en el quehacer diario del docente.  Como conclusión, se puede afirmar que la convivencia, aceptación y creatividad son un  tejido en la praxis docente, aspectos  muy importante debido a que el diseño curricular bolivariano nos conlleva a ser docentes innovadores, tal y  como lo  especifican sus pilares. 

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